En busca del Anillo Único
Búsqueda del Anillo Único. Un viajero misterioso, envuelto en una capa gris y con una mirada de preocupación, me contactó en una posada. Se presentó como Déor, un montaraz del norte, y me habló en voz baja sobre un rumor inquietante: alguien había visto un objeto de gran poder en una cueva olvidada en las Montañas Nubladas, un anillo que exudaba un aura oscura.
—Si es lo que temo, no puede caer en manos equivocadas —dijo con seriedad—. Necesito tu ayuda para encontrarlo antes de que lo hagan otros.
A pesar del peligro, acepté la misión. Sabía que si el Anillo Único había resurgido, debía ser asegurado antes de que el mal lo reclamara. Me preparé para el viaje y partimos rumbo a las Montañas Nubladas, siguiendo las pistas que Déor había reunido.
Las Montañas Nubladas
El ascenso fue arduo. La niebla cubría el camino y el viento helado cortaba como un cuchillo. Los riscos se alzaban como colmillos de piedra, y cada paso nos llevaba más lejos de la seguridad del mundo conocido. Déor caminaba con determinación, con la mano cerca del pomo de su espada.
Al llegar a la entrada de la cueva, una sensación opresiva se apoderó de mí. La oscuridad era absoluta y el aire estaba cargado de un aroma a tierra antigua y humedad. Desenfundé mi daga y entramos con cautela.
El Guardián Sombrío
Dentro de la cueva, encontramos un antiguo altar cubierto de inscripciones rúnicas. Sobre él, descansaba un anillo dorado, su superficie brillando con una luz tenue y engañosa. Pero antes de que pudiera acercarme, una sombra se materializó desde las profundidades de la cueva.
Era un espectro, una figura alta y encapuchada con ojos de fuego. —El Anillo no es para ti… —susurró con voz helada.
Déor reaccionó rápidamente, desenvainando su espada y lanzándose al combate. La sombra se movía con rapidez, evitando sus ataques, mientras el aire a nuestro alrededor se volvía más denso. Supe que no podíamos derrotarlo en combate directo.
Pensé rápidamente y tomé una antorcha, lanzándola hacia el espectro. La luz y el fuego lo hicieron retroceder con un chillido agudo. Aprovechamos el momento para tomar el anillo y salir corriendo de la cueva antes de que el guardián pudiera recuperarse.
El Destino del Anillo
Huimos hasta llegar a un claro en el bosque cercano. Déor respiró hondo y miró el anillo en mi mano con gravedad.
—Este objeto no puede quedar en el mundo —dijo—. Su poder corrompe todo lo que toca.
Sabía que tenía razón. No podíamos quedarnos con él. Decidimos llevarlo a Rivendel, donde los sabios podrían determinar su destino. A medida que avanzábamos en nuestro viaje, una sombra pareció alejarse de mi corazón, pero sabía que esta historia aún no había terminado. El Anillo Único siempre encontraría un camino para volver.
