Búsqueda de los fragmentos de Andúril
Un viajero de Gondor se acercó a mí con una solicitud. Me habló de los fragmentos de Narsil, la famosa espada rota de Elendil, que ahora se conoce como Andúril tras su refundición. Me comentó que, a pesar de la creencia general de que todos los fragmentos fueron recogidos y guardados en Rivendel, circulaba el rumor de que uno de ellos se había perdido en las tierras del norte. Me pidió que investigara y, si encontraba algo, lo entregara a su legítimo propietario: Aragorn, hijo de Arathorn.

Acepté la tarea, sabiendo que no sería fácil. Le pregunté dónde había escuchado sobre el fragmento perdido y me dijo las Colinas del Viento, donde antiguas ruinas aún yacen ocultas entre la maleza y las piedras. Me preparé con provisiones y partí por la mañana, cruzando los verdes campos hasta llegar a las colinas.
Las Colinas del Viento
Un viento helado susurraba cuentos antiguos entre las piedras. Con pies de gato, subí, revisando cada roca, cada sombra fuera de lugar. Pronto encontré una cueva escondida, su boca oscura me llamaba a explorar.
Con mi antorcha encendida, entré despacio. El lugar era angosto, las paredes de piedra, mojadas. Caminé con cuidado, sorteando las trampas del suelo. De pronto, algo me sorprendió: un trozo de metal oscuro, en un altar de piedra cubierto de musgo, brillaba tenuemente con la luz de mi antorcha.Criatura en las sombras
Antes de que pudiera tomarlo, un gruñido resonó en la cueva. Me giré rápidamente y vi la silueta de una criatura encorvada, con ojos amarillos que brillaban en la oscuridad. Era un troll de las colinas, un guardián involuntario de aquel fragmento perdido. No podía enfrentarme a él en combate directo, así que opté por la astucia.
Tomé una piedra del suelo y la arrojé a un lado de la cueva. El troll, confundido por el ruido, giró su atención hacia la fuente del sonido. Aproveché el momento para tomar el fragmento de la espada y correr hacia la salida. El troll, al darse cuenta del engaño, rugió y comenzó a perseguirme, pero el estrecho de la cueva le impidió avanzar con rapidez.
Con esfuerzo, logré salir de la cueva y ocultarme entre las rocas hasta que la criatura, frustrada, se alejó. Con el fragmento de Andúril en mis manos, sentí la historia pesando sobre mis dedos. Sabía que debía llevarlo a Rivendel lo antes posible.
Encuentro con Aragorn
Mi viaje me llevó a Rivendel, donde fui recibido con asombro por los sabios elfos. El fragmento fue inspeccionado con gran cuidado, y se confirmó su autenticidad. Aragorn, el heredero de Isildur, me recibió con gratitud. Con una mirada solemne, tomó el fragmento y lo colocó junto a los demás.
—Cada pieza tiene su historia —dijo en voz baja—. Y ahora, la historia de Andúril está completa.
Me despedí y inicie mi camino de regreso

